Obispa Mariann y El Muy Reverendo Hollerith apoyan la Serie de Humildad y Competencia LGBTQIA+

Obispa Mariann y El Muy Reverendo Hollerith apoyan la Serie de Humildad y Competencia LGBTQIA+

Amigos,

Como muchos de ustedes saben, la Diócesis Episopal de Washington ha estado respondiendo al importante llamado a aumentar nuestra capacidad, lenguaje y prácticas para vivir mejor en nuestro valor de inclusión para la comunidad LGBTQIA.

Nos complace compartir que ofreceremos una Serie de Humildad y Competencia LGBTQIA+ a través de la Escuela de Fe Cristiana y Liderazgo. La serie sera ofrecidad en inglés con interpretación al español.

La serie tendrá lugar 6 miércoles consecutivos de 6:30-8pm EST a partir del 12 de enero de 2022 y termina el 16 de febrero de 2022.

Como su obispa, me complace participar en este curso, ya que todos crecemos en conciencia y solidaridad. Animo a todas las congregaciones de EDOW a aprovechar esta oportunidad, para que verdaderamente podamos ser una diócesis que ama como Jesús ama y da la bienvenida a todas las comunidades que llevan Su nombre.

Como deán de la catedral, estoy muy agradecido a EDOW y a la Escuela de Fe Cristiana y Liderazgo por crear esta serie. Como aliados de la comunidad LGBTQIA, tenemos que asegurarnos de que estamos haciendo todo lo posible para profundizar nuestra comprensión de la experiencia de las personas LGBTQIA con el fin de aumentar nuestro apoyo y ayudar a crear comunidades de bienvenida y plena inclusión. Espero que tantas personas como sea posible se registren para esta importante serie de seis clases.

Regístrese aquí y comparta en su comunidad.

Fielmente,

La Reverendísima Mariann Edgar Budde, Obispa de Washington
El Muy Reverendo Randolph Marshall Hollerith, Deán de la Catedral Nacional de Washington

Obispa Mariann y El Muy Reverendo Hollerith apoyan la Serie de Humildad y Competencia LGBTQIA+

Bishop Mariann and Dean Hollerith support of LGBTQIA+ Humility & Competency Series

Friends,

As many of you know, The Episcopal Diocese of Washington has been responding to the important call to grow our capacity, language and practices to better live into our value of inclusion for the LGBTQIA+ community.

We are happy to share that we will be offering a LGBTQIA+ Humility & Competency Series through the School for Christian Faith & Leadership.

The series will take place on 6 consecutive Wednesdays from 6:30-8pm EST starting on January 12, 2022 and ending on February 16, 2022.

As your bishop, I am pleased to participate in this course, as we all grow in awareness and solidarity. I encourage all EDOW congregations to take advantage of this opportunity, so that we might truly be a diocese that loves as Jesus loves and welcomes all into the communities that bear His name.

As the cathedral dean, I am so grateful to EDOW and the School for Christian Faith and Leadership for creating this series. As allies of the LGBTQIA+ community, we need to make sure we are doing all we can to deepen our understanding of the experience of LGBTQIA+ persons in order to increase our support and help create communities of welcome and full inclusion. I hope as many people as possible will register for this important series of six classes.

Please register here and share in your community.

Faithfully,

The Right Rev. Mariann Edgar Budde, Bishop of Washington
The Very Rev. Randolph Marshall Hollerith, Dean of Washington National Cathedral

El regalo más grande

El regalo más grande

La fe, la esperanza y el amor. Pero el más importante de todos es el amor.
1 Corintios 13:13

Hay una canción navideña estilo country que cuenta la historia del nacimiento de Jesús desde la perspectiva de los ángeles. El corazón de la canción está en su estribillo de una línea: Y los ángeles lloraron.

Si alguna vez has tenido a un recién nacido en tus brazos, sabes por qué: lloraron por amor.

A lo largo del Adviento he estado reflexionando sobre lo que es esencial para la fe cristiana. Por esencial, no me refiero a lo que es indispensable, sino a lo que es su esencia, el fundamento sobre el que descansa todo lo demás y lo que quedará cuando todo lo demás se vaya. En las publicaciones anteriores, escribí de la fe como nuestra respuesta a los misteriosos movimientos de gracia en nuestras vidas y describí cómo la esperanza puede venir a nosotros en medio de las cosas más difíciles.

Ahora, a medida que se acerca la Navidad, escribo de lo que el Apóstol Pablo consideró el regalo más grande de todos.

Usamos la palabra amor para describir todo, desde nuestras preferencias personales hasta nuestras relaciones más queridas. La palabra de Pablo para el amor aquí es ágape, que se refiere al amor de Dios. Es más profundo que cualquier cosa que podamos entender o expresar por nuestra cuenta. El amor de Dios es inmerecido, incondicional y eterno. No podemos ganar ni perder el amor de Dios, porque es la esencia de Dios.

Cuando experimentamos el amor de Dios, no podemos evitar ser cambiados para mejor. Cuando presenciamos tal amor manifestado en otra persona, somos inspirados más allá de las palabras. Y cuando se nos da la gracia de ofrecer una expresión del amor de Dios a alguien más, nos sentimos bendecidos, incluso cuando se nos pide que vayamos mucho más allá de nuestras capacidades humanas y sacrifiquemos nuestros propios deseos.

A menudo se dice que este tipo de amor es más una elección que un sentimiento, lo cual es cierto en el sentido de que recibir el amor de Dios y compartirlo con otros no depende de cuán amorosos nos sentimos. Pero las emociones poderosas acompañan a menudo la experiencia del amor de Dios. Como los ángeles, podemos ser conmovidos al punto de las lágrimas.

Piense en aquellos tiempos en los que, por ejemplo, fue como si nos fueran dados ojos para ver como Dios ve y un corazón para amar como Dios ama, aunque sólo por un momento. A menudo ocurre al nacer un niño. Sosteniendo a un recién nacido, miramos a los ojos de un milagro y nuestro amor es puro y completo. También puede suceder cuando algo precioso en nuestra vida está llegando a su fin, o al final de la vida misma. De repente vemos claramente lo que habíamos dado por sentado anteriormente, y nuestros corazones estallan con amor por lo que ahora debemos rendirnos. Como los ángeles, lloramos.

El ex arzobispo de Canterbury Rowan Williams dijo una vez que si quieres saber cómo es Dios, no busques más que el pesebre y la cruz: “Dios actúa regalando toda fuerza y éxito a medida que los entendemos. El universo vive por un amor que se niega a intimidarnos o forzarnos, el amor del pesebre y la cruz.”

La verdad es que podemos desear una clase diferente de amor de Dios. Porque el amor de Dios, cuando lo experimentamos, no nos fija mágicamente al mundo en el que vivimos. Por razones que nunca entenderemos completamente, cuando Dios viene a nosotros en Jesús, él prefiere hacer su hogar en nuestros seres vulnerables. Dios no rechaza nuestra vulnerabilidad. Dios también es paciente, y espera que abramos la puerta. Siempre somos libres de decir que no. Como escribe Richard Rohr: “El Amor Divino es tan puro que nunca manipula, avergüenza o se impone a sí mismo sobre nadie. El amor espera ser invitado y deseado, y sólo entonces se apresura a entrar”.

Si te preguntas dónde aparecerá el amor de Dios a continuación para ti, podrías tratar de pensar en lo que está comenzando o terminando en tu vida. Entonces pide la gracia para ver como Dios ve y amar como el amor de Dios. Otro lugar para mirar es donde uno se siente más indigno del amor de Dios y pasa tiempo allí, invitando de nuevo a Jesús a revelarte su presencia allí. Otro lugar para mirar son los ojos de aquellos para quienes el amor llega fácilmente a ustedes, y a los ojos de aquellos que luchan por amar. Mira en el espejo; escucha el sonido de tu propia voz; considera el latido de tu propio corazón y el milagro que es. Luego, recorre con la mirada todo el mundo e imagine la posibilidad de que el amor de Dios se manifieste en lugares marcados por el dolor y el sufrimiento, la maravilla y la alegría.

Al igual que los ángeles, no hay que tener miedo de derramar algunas lágrimas por el dolor y la alegría de todo, la maravilla de la vida y el misterio del amor. Cristo viene a nuestro lugar de lágrimas con los dones más grandes, dados a nosotros desde el corazón de Dios.

El regalo más grande

The Greatest Gift

Faith, hope, and love remain, these three; and the greatest of these is love.
1 Corinthians 13:13

There’s a country western Christmas song that tells the story of Jesus’ birth from the perspective of the angels. The heart of the song is in its one-line refrain: And the angels cried.

If you’ve ever held a newborn in your arms, you know why: they cried for love.

Throughout Advent I’ve been pondering what is essential to the Christian faith. By essential, I don’t mean what is indispensable, but rather what is its essence, the foundation upon which all else rests, and what will remain when all else is gone. In previous posts, I wrote of faith as our response to the mysterious stirrings of grace in our lives and described how hope can come to us amid the hardest things.

Now, as Christmas draws near, I write of what the Apostle Paul considered the greatest gift of all.

We use the word love to describe everything from our personal preferences to our most cherished relationships. Paul’s word for love here is agape, which refers to the love of God. It runs deeper than anything we can fathom or express on our own. God’s love is unmerited, unconditional, and eternal. We cannot earn or lose God’s love, for it is God’s essence.

When we experience God’s love, we can’t help but be changed for the better. When we witness such love manifest in another person, we are inspired beyond words. And when we’re given the grace to offer an expression of God’s love for someone else, we feel blessed even as we’re being asked to stretch far beyond our human capacities and sacrifice our own desires.

It’s often said that this kind of love is more a choice than a feeling, which is true in the sense that receiving God’s love and sharing it with others isn’t dependent on how loving we feel. But powerful emotions often accompany the experience of God’s love. Like the angels, we can be moved to the point of tears.

Think of those times, for example, when it’s as if we’re given eyes to see as God sees and a heart to love as God loves, if only for a moment. It often happens at the birth of a child. Holding a newborn, we look into the eyes of a miracle and our love is pure and complete. It can also happen when something precious in our life is coming to an end, or at the end of life itself. Suddenly we see clearly what we had previously taken for granted, and our hearts burst with love for what we must now surrender. Like the angels, we cry.

The former Archbishop of Canterbury Rowan Williams once said that if you want to know what God is really like, look no further than the manger and the cross. “God acts by giving away all strength and success as we understand them. The universe lives by a love that refuses to bully us or force us, the love of the manger and the cross.”1

The truth is we may wish for a different kind of love from God. For God’s love, when we experience it, doesn’t magically fix us or the world in which we live. For reasons we will never fully understand, when God comes to us in Jesus, he prefers to make his home inside our vulnerabilities rather than remove them. God is also patient, and waits for us to open the door. We’re always free to say no. As Richard Rohr writes, “Divine Loving is so pure that it never manipulates, shames, or forces itself on anyone. Love waits to be invited and desired, and only then rushes in.”2

If you wonder where God’s love will next show up for you, you might try looking in the places where some part of your life is either beginning or ending. Go there in your mind’s eye and ask for the grace to see as God sees and to love as God’s love. Another place to look is where you feel most unworthy of God’s love and spend time there, again inviting Jesus to reveal his presence to you there. Another place to look is the eyes of those for whom love comes easily to you, and in the eyes of those whom you struggle to love. Look in the mirror; listen to the sound of your own voice; consider the beating of your own heart for the miracle that it is. Then cast your gaze across the globe and imagine the possibility of God’s love manifesting itself in places marked by sorrow and suffering, wonder and joy.

Like the angels, you needn’t be afraid to shed a few tears at the sorrow and the joy of it all, the wonder of life and the mystery of love. Christ comes to your place of tears with the greatest of gifts, given to you from the heart of God.

1 From a Christmas sermon Rowan Williams preached in 2004.
2 Richard, Rohr, The Importance of Practice

Strengthening and Renewing the Spiritual Life

Strengthening and Renewing the Spiritual Life

Logo for Discover Embrace Become series

Starting in February 2022 the School for Christian Faith and Leadership will be offering a two-part series called Discover-Embrace for individuals across congregations to name and reclaim the spiritual treasures of their lives–and through that experience strengthen their spiritual life.

In Reclaiming Christianity: A Practical Model for Spiritual Growth and Evangelism, Claude Payne, former bishop of the Diocese of Texas shares an experience of delivering Easter flowers as a teen to a fellow parishioner who was no longer able to leave her home. At the time, the delivery was just a transaction–delivering flowers. Many years later, with the tools and opportunity to reflect on life with the eyes of Christ, he understood the exchange as more than a delivery. It was a divine encounter.

Bishop Payne explains: “I didn’t understand, at the time of my floral delivery, what had happened….Because I didn’t have language to make sense of the experience–because I didn’t know to name it as a moment of holy exchange–the event was privatized and remained isolated within me, out of reach of even my inner vocabulary.” Through study and reflection, a routine encounter was transformed into a spiritual treasure.

Our lives are filled with spiritual treasures. Created in the image of God, our souls seek to express those treasures, but need the language and opportunity to do so. The first of the two-part Discover-Embrace series, six weeks of Discover, focuses on telling spiritual stories and reading Scripture together to discover the spiritual treasures of our lives. The second part, six weeks of Embrace, will explore Episcopal history, practices, and beliefs and will serve as an open forum to ask questions and deepen relationships with others on a journey into the life of the church.

Our hope for this two-part series led by trained facilitators in the diocese is that participants will uncover the spiritual treasures of their lives and serve as a source of renewal.

  • Individuals – uncover the spiritual treasures of your life and learn how these treasures can help with congregational renewal.
  • Rectors – use this series to prepare members for confirmation or reception at the Diocesan confirmation liturgy on May 14, 2021 or for baptism, confirmation, reception, and the renewal of baptismal promises at your congregation. Consider registering as a group from your congregation.

For more information, please contact the Rev. Jenifer Gamber, or register directly using this link for Discover and this link for Embrace.