Many People, One Family

Many People, One Family

Celebrated from September 15 to October 15, National Hispanic Heritage Month is a way to appreciate the various Latino/Hispanic countries and the culture that each has brought to the United States, The Episcopal Church, and the Diocese of Washington. These cultures trace their roots to Spain, Mexico, Central America, South America, and the Spanish-speaking nations of the Caribbean.

According to the United States Census Bureau, the Hispanic or Latino population, which includes people of any race, was 62.6 million in 2021, making people of Hispanic origin the nation’s largest racial or ethnic minority. The Episcopal Diocese of Washington has a long history of Latino/Hispanic ministry dating from the 1970’s. In our diocese, we have six distinct Spanish-speaking faith communities, all represent a melting pot of many people, but form one family in Christ. This phrase from our friend, Julio Cuellar is the title of a song, Many People, One Family, that was first used for the Nuevo Amanecer event in 2018 and serves as the focal point of our diocesan Latino/Hispanic ministry. As we celebrate this month, we invite you to worship with one of our Latino faith communities ranging from Northern Montgomery County to North Prince George’s County and the District. All are welcome!

Muchos Pueblos, Una Familia

Muchos Pueblos, Una Familia

Celebrado del 15 de septiembre al 15 de octubre, el Mes Nacional de la Herencia Hispana es una forma de apreciar los diversos países latinos/hispanos y la cultura que cada uno ha aportado a los Estados Unidos, a la Iglesia Episcopal y a la Diócesis de Washington. Estas culturas tienen sus raíces en España, México, Centroamérica, Sudamérica y las naciones hispanohablantes del Caribe.

Según la Oficina del Censo de los Estados Unidos, la población hispana o latina, que incluye a personas de cualquier raza, era de 62,6 millones en 2021, lo que convierte a las personas de origen hispano en la mayor minoría racial o étnica del país. La Diócesis Episcopal de Washington tiene una larga historia de ministerio latino/hispano que data de la década de 1970. En nuestra diócesis, tenemos seis comunidades de fe distintas de habla hispana, todas representan un crisol de muchas personas, pero forman una sola familia en Cristo. Esta frase de nuestro amigo, Julio Cuéllar es el título de una canción, Muchos pueblos, una familia, que se utilizó por primera vez para el evento Nuevo Amanecer en 2018 y sirve como punto focal de nuestro ministerio diocesano latino/hispano. Al celebrar este mes, le invitamos a adorar con una de nuestras comunidades de fe latinas que van desde el norte del condado de Montgomery hasta el norte del condado de Prince George’s y el distrito. ¡Todos estan bienvenidos!

Ministry of Welcome

Ministry of Welcome

Since April 2022 more than 45 buses have arrived in DC bringing thousands of refugees from the Texas-Arizona border, mostly men but also families with children and babies. Several community and/or religious centers in DC near Metro Station have agreed to offer themselves as places to give them a dignified welcome, a place where they can rest and clean up. This help is critical as they have arrived after a 30-hour journey.

St. Thomas’ Episcopal Church, Dupont Circle decided to go a step further when they saw the need of the arriving immigrants and gave them food, clothing and offered them a Eucharist service in Spanish. On days when the Welcome Ministry occurs, immigrants are served breakfast and given toiletries, while Mutual AID, a nonprofit, finds them tickets to their next destination where they have a friend or family member where they can start their lives. While they wait, some go to a place in the parish where donated clothing, sorted by gender and age, and personal hygiene items are available for them to take with them.

Additionally, since July, a Spanish-language service has been offered at the parish. In an open invitation to the refugees, they are invited to participate in the Holy Eucharist. It started with a lot of will and without many resources, a bilingual bulletin, spontaneous Hispanic singers and volunteer deacons. The service is an opportunity to thank God for having arrived alive and well. It is a moving experience because it is a time to remember those who did not make it through the jungle or river currents along the way. They also receive a blessing to continue the journey.

The reality of having newly arrived immigrants here in Washington, DC, mostly Spanish-speaking from Venezuela, is something that goes beyond what we hear in the news or read in books or even through family testimonies or in our churches. These travelers are starting from scratch–arriving in a new country where they don’t speak the language, don’t know the system and don’t know where to start. The diocesan Latino congregations formed by first and second generation immigrants soon decided they should have the opportunity to shake hands with their newly arrived brothers and sisters.

So in August, we started looking for volunteers, clothes in good condition, as well as some simple items such as bags or belts. We placed boxes in each church and organized to get these donations to St. Thomas.

The Latino congregations responded generously: in August, St. Stephen’s and Incarnation and the Mission of Good Shepherd participated by donating their time. In September, St. Matthew’s helped with donations and volunteers. Donations have also come from Ascension, Gaithersburg, St. Alban’s, Our Saviour, Hillandale and are scheduled to arrive on different dates in a plan that continues through November.

A percentage of people arrive without any contact or family in any part of the country. They are escorted to a private home for a few days or to a hotel or motel in DC or Maryland, where they can stay for a limited period of time. Mutual AID teams cannot fully address the needs of the people staying there without a plan for future action as that team focuses each day on the arrival of the next bus and the challenges of that group of refugees.

The task is great but we believe in the Christian duty to welcome the stranger.

Araceli Ma, Diocesan Latino Communications Assistant

Ministerio de Bienvenida

Ministerio de Bienvenida

Desde Abril del 2022 más de 45 buses han llegado a DC trayendo miles de refugiados desde la frontera de Texas y Arizona, la gran mayoría hombres pero también familias con niños y bebés. Diversos centros comunitarios o religiosos en DC cerca de Metro Station, aceptaron ofrecerse como lugares para darles una bienvenida digna, un lugar donde pueden descansar y asearse. Esta ayuda es crítica ya que han llegado después de un viaje de 30 horas.

La Iglesia Episcopal St. Thomas, Dupont Circle decidió dar un paso más al ver la necesidad de los inmigrantes que llegaban y les dio comida, ropa y ofreció para ellos una eucaristía en español. Los días en que se celebra el Ministerio de Bienvenida, se les sirve a los inmigrantes desayuno y se les da artículos de aseo, mientras Mutual AID, una non profit, les buscan sus boletos para su próximo destino donde tienen un amigo o familiar donde puedan empezar sus vidas. Mientras esperan, algunos se dirigen a un lugar de la parroquia donde hay ropa donada, clasificada por sexo y edades, y artículos de higiene personal para llevar.

Adicionalmente, desde julio se empezó a ofrecer un servicio en español en la parroquia. En una invitación abierta a los refugiados y se les invita a participar de la Santa Eucaristía. Se empezó con mucha voluntad y sin muchos recursos, un boletín bilingüe, cantantes hispanos espontáneos y con diáconos voluntarios. El servicio es una oportunidad de dar gracias a Dios por haber llegado vivos y sanos. Es una experiencia conmovedora porque es el momento en que recuerdan a quienes en el camino no lograron superar la jungla o las corrientes del río. Así mismo reciben una bendición para continuar el camino.

La realidad de tener inmigrantes recién llegados aquí en Washington, DC, la mayoría hispanohablantes de Venezuela, es algo que va más allá de lo que muchas veces escuchamos solo en las noticias o leemos en los libros o incluso a través de testimonios familiares o en nuestras iglesias. Estos viajeros empiezan desde cero: llegar a un nuevo país donde no hablan el idioma y no saben por dónde empezar. Las congregaciones latinas diocesanas formadas por inmigrantes de primera y segunda generación pronto decidieron que debían tener la oportunidad de dar la mano a sus hermanos recién llegados.

Es así que en agosto, empezamos a buscar voluntarios, ropa nueva en buen estado, así como algunos artículos sencillos como bolsas o cintos. Colocamos cajas en cada iglesia y nos organizamos para hacer llegar estas donaciones a St. Thomas.

Las congregaciones latinas respondieron con generosidad: en agosto San Esteban y la Encarnación y Misión Buen Pastor participaron donando su tiempo. En septiembre San Mateo ayudó con donaciones y voluntarios. También han llegado donaciones de La Ascensión, San Albano, Nuestro Salvador y están calendarizados para llegar en diferentes fechas en un plan hasta noviembre.

Un porcentaje de personas llegan sin ningún contacto ni familiares en ninguna parte del país. Ellos son acompañados a una casa privada durante unos días o a un hotel o motel en DC o Maryland, donde pueden permanecer por un período limitado de tiempo. Los equipos de Mutual AID no pueden atender completamente las necesidades de las personas que se alojan allí, sin un plan de acción futuro, ya que ese equipo se centra cada día en la llegada del próximo autobús y los desafíos de ese grupo de refugiados.

La tarea es grande pero creemos en el deber cristiano de dar la bienvenida al extranjero.

Araceli Ma, Asistente diocesana de comunicaciones latinas

Update on Misión Buen Pastor

Update on Misión Buen Pastor

the altar at Buen PastorMisión Buen Pastor is EDOW’s newest church plant. In just a few years of existence, it has had two physical locations and weathered the global pandemic. I came alongside the congregation as their priest during the season of Advent, at the start of the current church year. During the Easter season, we moved to our current location at Good Shepherd, Silver Spring. We are in the process of meeting the formal requirements to become a fully functioning mission of the Diocese, meanwhile building our relationship with the congregation that has welcomed us at Good Shepherd and beginning to get to know our new neighborhood.

Life is pretty simple at Buen Pastor. We arrived at Good Shepherd with our hymnals, a donated ceramic chalice and paten, a few purificators, and an improvised set of glass vessels for the elements, originally intended to be the sugar bowl and cream pitchers for serving coffee or tea. We use a pre-printed seasonal booklet with the liturgy and readings, provided by the Diocesan Hispanic ministries office. We sing a capella and gather the offering in a small wicker basket. As it turns out, you can do beautiful, faithful church without a copier, an organ, or anything made of silver or brass.

The simplicity of congregational life at Buen Pastor feeds my soul. I would even suggest it provides a needed corrective to church customs that have come to rely too heavily on costly displays of beauty and elaborate programs. At the same time, it makes me wonder. In a church rich in buildings and land and brass and silver, why do we expect that our immigrant congregations will make do with so little? Is there a path to full citizenship in The Episcopal Church, the sort of citizenship that includes a full stake in the resources that have been accumulated and passed down through generations? We are rightfully examining the ways that centuries of societal injustice replicated within the church continue to undermine our life together. We might consider how our immigrant congregations are easily relegated to the status of guest or tenant, one mistake or misunderstanding away from having to pack up and move on, in search of a place to call home.

The Rev. Anna Olson
Vicar, Misión Buen Pastor
Interim Rector, Good Shepherd

Actualización sobre la Misión Buen Pastor

Actualización sobre la Misión Buen Pastor

the altar at Buen PastorMisión Buen Pastor es la iglesia más reciente de EDOW. En pocos años de existencia, ha tenido dos sedes físicas y ha resistido la pandemia mundial. Llegué a la congregación como su sacerdote durante la temporada de Adviento, al comienzo del año eclesiástico actual. Durante la temporada de Pascua, nos trasladamos a nuestra ubicación actual en la Iglesia del Buen Pastor, en Silver Spring. Estamos en el proceso de cumplir con los requisitos formales para convertirnos en una misión, en pleno funcionamiento de la Diócesis, mientras construimos nuestra relación con la congregación que nos ha acogido en Buen Pastor y comenzamos a conocer nuestro nuevo vecindario.

La vida es bastante sencilla en el Buen Pastor. Llegamos al Buen Pastor con nuestros himnarios, un cáliz y una patena de cerámica donados, unos cuantos purificadores y un conjunto improvisado de vasos de cristal para los elementos, originalmente destinados a ser el azucarero y las jarras de crema para servir el café o el té. Utilizamos un folleto estacional preimpreso con la liturgia y las lecturas, proporcionado por la oficina diocesana del ministerio latino. Cantamos a capella y recogemos la ofrenda en una pequeña cesta de mimbre. Resulta que se puede hacer una iglesia hermosa y fiel sin una impresora, un órgano o cualquier cosa hecha de plata o latón.

La sencillez de la vida congregacional en el Buen Pastor alimenta mi alma. Incluso me atrevería a sugerir que proporciona un correctivo necesario a las costumbres eclesiásticas que han llegado a depender demasiado de costosas muestras de belleza y programas elaborados. Al mismo tiempo, me hace reflexionar. En una iglesia rica en edificios y terrenos y en latón y plata, ¿por qué esperamos que nuestras congregaciones de inmigrantes se conformen con tan poco? ¿Existe un camino hacia la ciudadanía plena en la Iglesia Episcopal, el tipo de ciudadanía que incluye una participación plena en los recursos que se han acumulado y transmitido a través de generaciones? Estamos examinando, con razón, las formas en que siglos de injusticia social reproducidos dentro de la Iglesia siguen socavando nuestra vida en común. Podríamos considerar cómo nuestras congregaciones de inmigrantes se ven fácilmente relegadas a la condición de huéspedes o inquilinos, a un error o malentendido de tener que hacer las maletas y marcharse, en busca de un lugar al que llamar hogar.

La Rvda. Anna Olson
Vicaria, Misión Buen Pastor
Rectora interina, Buen Pastor