Tomando el siguiente paso en la fe: Sermón para la Convención de la Diócesis de Washington 2023

Tomando el siguiente paso en la fe: Sermón para la Convención de la Diócesis de Washington 2023

Después de esto, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca, para que cruzaran el lago antes que él y llegaran al otro lado mientras él despedía a la gente. Cuando la hubo despedido, Jesús subió a un cerro, para orar a solas. Al llegar la noche, estaba allí él solo, mientras la barca ya iba bastante lejos de tierra firme. Las olas azotaban la barca, porque tenían el viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos caminando sobre el agua. Cuando los discípulos lo vieron andar sobre el agua, se asustaron, y gritaron llenos de miedo: —¡Es un fantasma! Pero Jesús les habló, diciéndoles: —¡Calma! ¡Soy yo: no tengan miedo! Entonces Pedro le respondió: —Señor, si eres tú, ordena que yo vaya hasta ti sobre el agua. —Ven —dijo Jesús. Pedro entonces bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua en dirección a Jesús. 30 Pero al notar la fuerza del viento, tuvo miedo; y como comenzaba a hundirse, gritó: —¡Sálvame, Señor! Al momento, Jesús lo tomó de la mano y le dijo: —¡Qué poca fe tienes! ¿Por qué dudaste? En cuanto subieron a la barca, se calmó el viento. 33 Entonces los que estaban en la barca se pusieron de rodillas delante de Jesús, y le dijeron: —¡En verdad tú eres el Hijo de Dios!
Mateo 14:22-33

El tema de esta Convención, y de hecho para todo el año 2023, es Tomando el siguiente paso en la fe. Es una imagen que evoca el acto físico de movernos hacia un destino. Pero como saben quienes no pueden caminar físicamente, no todo paso fiel es hecho con nuestros pies. Tomamos pasos en la fe con nuestros corazones y nuestras mentes, en nuestras relaciones y compromisos. Algunas veces tomar el siguiente paso en la fe no incluye movimiento en lo absoluto. Otras veces, necesita mirar hacia atrás antes de ir hacia adelante, o dar la vuelta para ir en otra dirección.

Tomar el siguiente paso en la fe incluye hacer un balance de dónde estamos. Aunque das un paso por ti mismo/a, y por la comunidad o ministerio que representas, el mismo será único y específico para ti. Es cierto que tenemos desafíos y oportunidades en común, pero también un llamado singular como cristianos para saber, amar y seguir a Cristo. Pero cómo se vive ese llamado y qué paso estás llamado a dar depende de tu función y contexto particular.

Por ejemplo, en la excelente historia que hemos oído de Jesús invitando a Pedro a salir del bote y caminar sobre el agua, vale la pena notar que Jesús no llamó a todos los discípulos a sumarse. Como escuché a un predicar aconsejar a su congregación: “Si Jesús no te está llamando a ti a caminar sobre el agua, mejor que te quedes en el bote”.

La imagen de Pedro caminando sobre el agua es un símbolo de estos tiempos cuando lo que está ante nosotros no es ni siguiera un paso, sino un salto en la fe, como esos momentos cruciales cuando sabemos lo que se espera de nosotros, por la vida o por el mismo Jesús. A veces lo que se espera de nosotros no lo hemos hecho antes o parece imposible, o, quizás, es demasiado difícil. Cuando nos lanzamos al agua, sabemos que nuestras capacidades están al límite, así como nuestra habilidad para controlar los resultados. No nos debe sorprender que nos undamos una o dos veces.

Mirando atrás en tu vida, y ciertamiento en los últimos años, sospecho que ustedes han tenido al menos una experiencia de caminar sobre el agua, y quizás más de una. Y quizás más de una vez han estado en la posición de los otros discípulos, mirando desde un lugar de seguridad como tus seres queridos son llamados a lanzarse a caminar sobre el agua ellos solos. No importa cuánto quisieron ir también, pero no pudieron.

Si puedes, trae a tu mente uno de esos momentos. Reconoce la valentía de tomar tal paso en la fe que se esperaba de ti, o cómo te sentiste mirar a otra persona aventurarse. ¿Qué aprendiste sobre ti mismo/a como resultado de tu experiencia y cómo Dios actuó en tu vida?

Existe otra forma menos dramática pero a la vez menos valiente en que podemos experimentar el llamado a tomar el siguiente paso en la fe. Me refiero a esos momentos en que Jesús no están parado frente a nosotros con sus brazos abiertos para sostenernos; quizás cuando hemos comenzado un camino que parecía prometedor a primera vista, pero que no es tan claro ahora, y nos preguntamos si hemos cometido un error. Es una de esas situaciones en que hemos encontrado obstáculos que han consumido nuestras energías a tal punto que nos sentimos estancados y perdidos en el rumbo.

Existen momentos en que una visión a largo plazo se nubla. Como describió el autor E. L. Doctorow sobre el proceso de la escritura: “Es como manejar un carro en la noche”. Su consejo a otro escritor fue continuar manejando. “Tú solo ves lo que iluminan las luces del frente, pero puedes hacer todo el viaje de esa forma”.1

Una historia bíblica que habla sobre tomar el siguiente paso en la fe en la oscuridad es cuando Moisés y el pueblo de Israel caminaban por el desierto hacia la tierra prometida. El inicio del viaje no podía ser más dramático ni el llamado menos claro. Dios los había librado de la esclavitud al dividir las aguas del Mar Rojo para que ellos pudieran escapar, y Dios les pidió que viajaran por el desierto hacia la nueva vida de la promesa.

Pero el camino tomó más tiempo que lo anticipado. No fue un viaje fácil, y el camino no estaba claro. Más de una vez, el pueblo seriamente contempló la posibilidad de regresar. Y no todo el mundo sobrevivió el desierto. Algunas interpretaciones de esta irónica historia sugiere que la tarea de la generación del peregrinaje fue comenzar el viaje y no llegar al destino. Rompe el corazón pensarlo, pero para aquellos de nosotros en nuestros últimos años de nuestras vidas, la vocación se hace mucho más real.

Quiero detenerme aquí por un momento, porque aquellos de nosotros que tenemos sesenta años o más representamos la mayoría de este grupo, y en muchas de nuestras congregaciones somos los que tenemos más influencia, porque, francamente, estamos más presente y pagamos las cuentas. Pero cuando el camino hacia adelante es incierto, nuestra tentación natural es mirar atrás y aferrarnos a lo que tiene más sentido para nosotros. No hay nada malo en eso, excepto que el enfoque se hace en nosotros y nuestras preferencias, lo cual puede cegarnos a las necesidades de otros, particularmente de aquellos que esperamos que se unan a nuestras comunidades. Y entonces nos preguntamos por qué no vienen o no se quedan.

Para nostros, el siguiente paso en la fe es reconocer el duelo que cargamos, el sentimiento de que no estamos decepcionando a nuestros ancestros, o la preocupación de que lo que valoramos más se está perdiendo u olvidando, y de que incluso nosotros seremos olvidados. Es un miedo real, y lo escucho en toda la diócesis. En verdad, a veces yo misma lo siento también.

Casi cada vez que hablo sobre las prioridades de nuestra diócesis, según aparecen en nuestro plan estratégico, para invertir recursos en generaciones jóvenes para llegar a ser una iglesia atractiva para nuestros hijos y nietos, alguien da voz a lo que nosotros, los que tenemos sesenta años o más, sentimos: “No se olviden de nosotros, los ancianos”, o “no queremos perder la identidad de nuestra iglesia”, lo cual es otra manera de decir: “No queremos perder nuestra identidad”. El trabajo de crear el tipo de iglesias a las que nuestros hijos y nietos querrán asistir, depende de que nosotros, las personas mayores, demos de nosotros mismos y de nuestros recursos de forma que preserve la mejor de nuestras tradiciones, pero que a la vez permita a aquellos que vienen después de nosotros decirnos lo que necesitan, lo que les calienta el corazón e inspira sus almas.

No es que todo lo que una generación valora como importante sea inservible para la que viene detrás. Mi hijo músico, ahora en sus treintas, prefiere escuchar los discos de vinilo, aún cuando el produce música con equipos de alta tecnología. Él intercambió su guitarra, que fue construida hace cinco años, por una confeccionada en 1940. Él la usó en el funeral de su abuelo hace dos semanas, y la amplificó con tecnología que no existía fue la guitarrá fue hecha.

Las prácticas de oración contemplativa que datan del tiempo de los monjes en el siglo 4, continúan alimentando el alma moderna, tal como se refleja en el número de aplicaciones que puedes descargar en tu teléfono y que te ayudan a vivir esas prácticas. Los himnos antiguos encuentran nuevas versiones y pueden tener un lugar entre otras expresiones musicales. Las catedrales como esta, y la belleza de todos nuestros edificios construidos por generaciones previas, todavía nos atraen, pero en ellos han habido actualizaciones, renovaciones de la carpintería, y los closets han sido limpiados desde los años 70s.

Déjenme regresar ahora a la imagen de tomar el siguiente paso en la fe cuando no podemos mirar hacia adelante porque, desde la perspectiva espiritual, es eso lo que generalmente vivimos. Los momentos de gran drama son relativamente raros comparados con los largos períodos de tiempo intentando entender en la oscuridad lo que no sabemos. Eso es especialmente cierto después de una experiencia de trauma, cuando estamos cansados, cuando nos sentimos estancados o cuando enfrentamos realidades que parecen imposibles de vivir. Es entonces cuando al tomar un pequeño paso en la fe, y luego otro, puede hacer una gran diferencia, incluso cuando sintamos que no estamos progresando en lo absoluto. Como he estado diciendo, me pregunto si un ejemplo como este de tomar el siguiente paso en la fe ha venido a tu mente, ya sea que te haya pasado a ti o a tu comunidad.

El reconocido psicólogo Carl Jung, quien estuvo conectado profundamente con las dimensiones espirituales de la vida, mantuvo una vívida correspondencia con personas en todo el mundo. Las personas le escribían pidiéndole todo tipo de consejos. Dos cartas, y sus respuestas, hablan sobre esta idea de los próximos pasos en la fe.

La primera carta fue escrita por una mujer que quería saber, en sentido general, cómo vivir su vida de la mejor manera. Jung le respondió con estas palabras:

Tus preguntas no pueden ser respondidas porque tú quieres saber cómo uno debe vivir… No hay una manera único… La manera en que tú lo haces, y que no sabes con antelación, llega a hacerse realidad cuando pones un pie en frente a otro… si das el próximo paso necesario con convicción, siempre estarás haciendo algo significativo según tu destino.2

¿Cuál es ahora la próxima y más necesaria cosa para ti y la comunidad que tú representas? Esta es una pregunta importante para todos nosotros, y a veces nos puede ayudar a mantenernos caminando cuando nuestra visión a largo plazo no es clara.

Otro hombre le escribió a Jung sobre cómo había hecho cosas de las que se arrepentía y estaba desesperado buscando una guía sobre cómo enmendar su error. A él le escribió Jung:

Nadie puede enmendar con unas pocas palabras una vida mal vivida. Pero no hay cima que no puedas subir al enmendar tus esfuerzos en el lugar correcto. Cuando alguien ese un desastre como tú lo eres, uno no tiene el derecho de preocuparse de la idiotez de la psicología propia. Solo debe tomar el siguiente paso con diligencia y devoción y ganarse la voluntad de los demás. En cada cosa pequeña que haces de esta manera te encontrarás a ti mismo. [Todo el mundo tiene] que hacerlo con dificultad, y siempre con el siguiente paso, el más pequeño, el más difícil.3

Yo encuentro el consejo de Jung increíblemente útil cuando he hecho algo malo, lo cual ha sucedido en mi episcopado; o cuando me he dando cuenta de que mis intenciones de hacer el bien fueron experimentadas con dolor por alguien. No ayudar justificar mis acciones o dar excusas. Simplemente yo debo hacer lo que pueda hacer para enmendar y restituir, paso a paso. Quienes transitan el camino de la recuperación y de los Doce Pasos saben esto muy bien.

Esta es como yo asumo las cosas, como su obispa, mientras enfrentamos la complicidad histórica contemporánea del racismo sistémico. Es un largo camino de reparación – enmendar el daño hecho paso a paso. Algunos de ustedes pueden estar aprendiendo a enmendar los daños hechos, un paso en la fe tras otro, y tu congregación aún no se han involucrado que el tema de las reparaciones incluye. Todo lo que puedo decir es que estos asuntos son reales, profundos y quienes se benefician de la supremacía blanca en nuestra sociedad no podrán decir por mucho tiempo que son ignorantes o inocentes.

En este y en todos los aspectos de nuestra vida en comunidad, y para nuestra diócesis, Jesús nos llamará a veces a tomar pasos valientes y caminar sobre el agua. Pero otros días, y en muchas ocasiones, el siguiente paso en la fe para nosotros es humilde, porque estamos en un valle, no en una montaña, y estamos caminando más por fe que por vista. Por supuesto que nos cansaremos. Seríamos de piedra si no nos sentiremos sin ánimo. El duelo es real. Pero he aquí la paradoja de la fe, cuando aceptamos el duelo y las dificultades de la vida, se aumenta nuestra capacidad para experimentar el gozo. Como Jesús nos dijo, el camino de la cruz es el camino de la vida.

Quienes planificaron esta Convención han trabajado duro para mostrar las señales de esperanza y bondad en nuestra diócesis, para que podamos saborear y celebrar, y para animarnos mientras caminamos juntos. Les recordaremos de los recursos disponibles mientras toman el siguiente paso en la fe en tu contexto, y algunos de los pasos en la fe para nuestra diócesis son humildes y apremiantes. Unos pocos serán como caminar por sobre las aguas.

Que podamos estar abiertos al Espíritu de Dios que se mueve entre nosotros, dándonos consuelo, fortaleza y valentía para tomar el siguiente paso en la fe, y que podamos confiar que Quien ha comenzado la buena otra en nosotros la llevará a cabo hasta su cumplimiento. Amén.

1https://www.trolleyjournal.com/doctorow-kennedy
2Citado por Maria Papova en The Marginalian, reflexiones y citas compartidas semanalmente
3Citado de nuevo en The Marginalian

Escuchandio el sonido de lo genuino

Escuchandio el sonido de lo genuino

Continuamente me pregunto si verdaderamente escucho la voz de Dios cuando le pido su guía, o si es mi propia imaginación diciéndome qué hacer. Oro a Dios para que me ayude a escuchar Su voz y comprender Su palabra, pero tengo miedo de distraerme y a veces tengo miedo de no escucharlo.¿Cómo sabes que estoy yendo en dirección a lo que Dios me está mostrando?

Por tres meses he guardado en mi corazón las preguntas sobre la fe que personas en la Diócesis de Washington me han enviado. Ha sido una gran bendición. He llegado a darme cuenta que la mejor respuesta a preguntas profundas sobre la vida no son una respuesta en sí, sino el cultivo de una práctica espiritual que nos abre a la presencia de Dios.

La pregunta de esta semana es particularmente apropiada para esta estación cristiana de la Epifanía – una palabra que significa “revelación”. Una epifanía es algo que viene a nosotros desde fuera y que resuena profundamente en nuestro interior. Hay una parte de nosotros que está siempre escuchando por esa conexión externa/interna, lo que el teólogo Howard Thurman llama “el sonido de lo genuino”.

Thurman le dijo a la clase que se graduaba en 1980 en Spelman College:

Hay algo en cada uno de ustedes que espera, que escucha el sonido de lo genuino en ustedes mismos, y si no pueden oírlo, nunca encontrarán lo que están buscando… si no pueden oír el sonido de lo genuino en ustedes, pasarán toda su vida conectados a hilos que otras personas manipulan.1

Cada año durante la Epifanía, leemos en la iglesias las historias bíblicas de cómo Jesús llamó a sus primeros discípulos. En una versión, al escuchar la voz de Jesús, cuatro jóvenes pescadores supieron inmediatamente que necesitaban dejar todo atrás y seguir a Jesús. Me recuerda el momento en West Side Story cuando Tony y Maria se vieron por primera vez, cada uno en un rincón del gimnasio de su escuela.

Quisiéramos tener ese tipo de epifanía, y a veces la tenemos. Pero esos momentos son raros, y aunque los experimentamos, tenemos también que considerar lo que significan. Por esto, no es posible escaparse de la necesidad de cultivar algún tipo de práctica espiritual que nos ayude tanto a escuchar como a reflexionar, a pensar más en las cosas.

Uno puede llamar esta práctica espiritual “oración”, pero es una oración con un propósito específico. Es una oración de discernimiento, el proceso que seguimos y que nos ayuda a escuchar lo que Dios tiene que decirnos en lo más profundo de nuestro ser, mientras estamos decidiendo cómo responder a lo que se nos presenta desde afuera.

Así que, ¿cómo hacemos ese proceso de escucha y reflexión?

Podemos hacer muchas cosas. Para algunos, este proceso es una práctica diaria de sentarse en tranquilidad y prestar atención a todo lo que viene a la mente. Para otros, reflexionar requiere movimiento, como una caminata o una carrera. También ayuda hablar con alguien que quiere lo mejor para ti. Pero al final, este es un proceso solitario, ya que es un camino que solo nosotros podemos recorrer.

Una práctica de reflexión probada con el tiempo es descrita maravillosamente en un pequeño libro titulado Sleeping With Bread 2(Durmiento con el Pan). El título del libro proviene de una historia sobre niños abandonados en un orfanato y que están muriendo de hambre durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando finalmente encontraron algo de comer, no podían confiar que habría más para luego, así comían sin parar hasta enfermarse. La solución de los que los cuidaban fue darles un trozo de pan al acostarse, para que pudieran dormir con la confianza de que habría comida para ellos en la mañana.

Inspirados por la imagen de los niños sosteniendo sus panes, los autores describen una práctica simple de aferrarnos a lo que nos da vida, especialmente en tiempos de incertidumbre y transición.

La práctica es esta: al final de cada día, toma unos minutos para reflexionar, haciéndote dos preguntas: ¿Por qué momento del día estoy más agradecido/a? Y, ¿por cuál estoy menos agradecido? O, ¿cuándo me sentí más vivo/a hoy? ¿Cuándo se sentí con menos energía? Ayuda escribir nuestra reflexión, unas pocas oraciones cada día para descubrir lo que se repite y que se puede revelar a nosotros con el tiempo.

Esta práctica, conocida como el examen, eleva nuestra comprensión de esos momentos que quizás nos hubiésemos perdido y que pueden ser a través de ellos que Dios nos habla. Lo que se espera aquí es que el deseo de Dios por nosotros es más grande que la vida, no menos. Debemos discernir que somos nosotros quienes debemos tomar el camino difícil y costoso, y que debemos equiparnos con una gran reserva que nos pueda sostener en tiempos difíciles.

Y si, por gracia, tenemos una experiencia de claridad instantánea y única, nos daremos cuenta de que, en realidad, Dios nos ha estado preparando para este momento por un tiempo. Estaremos listos, como aquellos primeros discípulos, para decir que sí.

1Howard Thurman, Commencement Address at Spelman College, 4 de mayo, 1980.
2Dennis, Sheila y Matthew Linn, Sleeping with Bread: Holding What Gives You Life (Mahwah, NY: Paulist Press, 1995).

Preguntas sobre la fe: ¿Crees en Dios?

Preguntas sobre la fe: ¿Crees en Dios?

¡Creo! ¡Ayúdame en mi incredulidad!
Marcos 9:24

Gracias de corazón a los que me han escrito con sus Preguntas de Fe. Su honestidad y vulnerabilidad me han conmovido profundamente. Como dijo una persona en la iglesia que visité el domingo pasado, estas son las preguntas que se esconden bajo la superficie de nuestras vidas y que no sabemos reconocer y, como personas de fe, a menudo nos avergüenza hacer. Sin embargo, son las preguntas, en palabras del poeta David Whyte, “que no tienen derecho a desaparecer”.

Las primeras dos personas que respondieron preguntaron sobre la propia existencia y la naturaleza de Dios.

¿Hay días en los que te levantas por la mañana con el pensamiento “Todo esto de Dios no puede ser real. ¿Me he estado engañando a mí mismo todos estos años?”.

¿Cómo podemos saber realmente que Dios es bueno?

La respuesta a la primera pregunta es sí. Afortunadamente, he aprendido que la duda no es lo contrario de la fe, sino que es esencial para una vida de fe. Las dudas y las preguntas son el terreno fértil de la fe. Como cualquiera, he tenido mi parte de ambas, en gran parte debido a todo lo que veo en este mundo, que todos vemos, que no puede reconciliarse fácilmente con la noción de un Dios amoroso, todopoderoso y omnisciente.

De las grandes tradiciones espirituales que hemos heredado de nuestros antepasados, hay, de hecho, “respuestas” a las preguntas más difíciles que los seres humanos se han hecho durante milenios, pero, para ser sincera, nunca he encontrado esas respuestas especialmente convincentes o satisfactorias. Me atraen más las preguntas en sí mismas y aquellos que, a través de los tiempos, han tenido el valor de preguntar y de vivir en la ambigüedad del desconocimiento.

Por ejemplo, hay un libro en la Biblia, escrito siglos antes del nacimiento de Jesús, que cuenta la historia de un hombre llamado Job. Job, al comienzo de la historia, es la encarnación de la fidelidad y la vida recta. Pero entonces la catástrofe le golpea en todos los frentes: sus hijos mueren, le arrebatan sus posesiones, él está afligido con toda clase de enfermedades. Todo esto sucede de la mano de Satanás, con el consentimiento de Dios, como una especie de prueba cósmica de su fe. Es un montaje terrible para Job, y si sólo se leen el primero y último capítulo del libro (lo que parece que hacen muchos) se tiene la impresión de que, a pesar de todo, Job nunca pierde la fe en la bondad de Dios. Pero los 37 capítulos centrales cuentan una historia totalmente distinta. Job arremete con dolor e ira contra Dios. Rechaza todas las explicaciones que sus amigos bienintencionados le ofrecen para explicar por qué le han sucedido estas cosas terribles, que son todas las mejores respuestas religiosas dadas para explicar las razones por las que el ser humano debe sufrir y que suenan mucho a los lugares comunes a los que podemos recurrir en esos momentos.

Lo que cambia las cosas para Job no es ninguna de las respuestas que se le dan. No, lo que ocurre es que después de que Job se agota y se queda en silencio, tiene una experiencia en la que Dios le habla por fin. En mi opinión, no es una experiencia tan buena. Dios no es particularmente consolador con Job, y no explica nada, como si el misterio del sufrimiento humano debiera ser simplemente aceptado. Pero para Job, la experiencia de que Dios se acercara a él fue suficiente. No le quitó el sufrimiento, ni respondió a sus preguntas. Pero fue suficiente para él confiar en Dios, aceptar el dolor como algo natural en esta vida, liberar su ira y seguir viviendo.

Esos momentos, cuando llegan, son los que también me hacen seguir adelante. Sí, estudio las Escrituras. Voy a la iglesia, digo mis oraciones diarias y hago lo mejor que puedo para seguir el camino de Jesús. Pero mi fe en la realidad de Dios, y en la bondad de Dios, se sostiene en los momentos de encuentro, ya sea en mi propio corazón, o igualmente convincente, cuando veo el impacto de una vida formada por Dios y centrada en Jesús en otra persona.

Me acuerdo de una canción que pone melodía a un inquietante poema que, según se dice, fue descubierto en la pared de un campo de concentración de la Segunda Guerra Mundial:

Creo en el sol.
Creo en el sol, incluso cuando,
incluso cuando no brilla.
Creo en el amor.
Creo en el amor incluso cuando,
incluso cuando no lo siento.
Creo en Dios.
Creo en Dios incluso cuando,
incluso cuando Dios está en silencio.1

Esta creencia sería imposible sin una sensación previa de la presencia y el amor de Dios, o un anhelo de ello. A menudo es el recuerdo de un encuentro sagrado, el deseo de una conexión con Dios, o la fe de alguien, lo que nos hace seguir adelante cuando nuestra fe disminuye. De joven, cuando mi corazón estaba profundamente roto, una persona sabia en mi vida me dijo: “Dios sigue estando contigo, aunque ahora no lo parezca”. Me aferré a sus palabras como un salvavidas durante esa época oscura.

Me pregunto quién ha sido un salvavidas para ti en esos momentos, y sospecho que tú has sido esa presencia portadora de fe para otros cuando se han sentido más solos. Nos importamos unos a otros más de lo que creemos. Así que permítanme subrayar de nuevo la importancia de sus preguntas, y animarles no sólo a honrarlas para ustedes mismos, sino a compartirlas con los demás. Por favor, sigan compartiéndolas conmigo, si quieren. Ofrézcanlas también a Dios, incluso al Dios en el que no siempre están seguros de creer, y esperen a ver qué sucede.

1I Believe by Mark Miller | Virtual Choir

Oraciones e Intenciones de Otoño

Oraciones e Intenciones de Otoño

Al hacer la transición del verano al otoño, me encuentro rezando con mayor intención las palabras que recitamos casi todos los domingos en el culto:

Dios omnipotente, para quien todos los corazones están manifiestos,
todos los deseos son conocidos
y ningún secreto se halla encubierto
(Libro de Oración Común)

Además, he tomado como regla de vida unas palabras del profeta Miqueas que Jesús vivió claramente:

Se te ha hecho conocer lo que está bien,
lo que el Señor exige de ti, ser mortal:
tan sólo respetar el derecho,
practicar con amor la misericordia
y caminar humildemente con tu Dios.
(Miqueas 6:8)

En medio del ritmo acelerado y de las muchas tareas del comienzo del otoño, la primera oración me ayuda a recordar que Dios ve y conoce no sólo mi exterior, sino también mi vida interior, llena de esperanzas y contradicciones, de dones y pecados, de fuerza y vulnerabilidad. Me ayuda a recordar que cada uno de nosotros tiene esa vida por debajo y más allá de nuestros personajes públicos y de los papeles que desempeñamos en la vida de los demás.

Las palabras de Miqueas están en el centro de un esfuerzo nacional entre los cristianos durante la próxima temporada electoral para promover una forma de participar en importantes asuntos de justicia en el ámbito público con claridad, amabilidad y humildad adecuada. Se llama La Campaña Sé, y les invito a considerar su participación en las próximas semanas, como individuos y comunidades de fe. Únanse a la Promesa de ser Justos, Amables y Humildes.

Esto es más que una iniciativa de ministerio público para mí. Está en el corazón de mi relación con Jesús y es el principio que guía mi vida. En todo lo que hago y digo, desde el momento en que me levanto por la mañana hasta que me acuesto por la noche, pido la gracia de hacer caso a las palabras de Miqueas. ¿Qué puedo hacer cada día para ser justa, amable y humilde? ¿Qué debo dejar de hacer -y decir- que no esté a la altura de estos tres imperativos?

En su libro El Amor es el Camino, el Obispo Presidente Michael Curry escribe sobre este enfoque como “estar de pie y de rodillas al mismo tiempo”. En otras palabras, nos anima a mantenernos firmes en la verdad tal y como la entendemos y en las convicciones de justicia que el Evangelio de Jesús ordena, mientras que al mismo tiempo nos arrodillamos con humildad ante la dignidad de cada ser humano, especialmente de aquellos con los que luchamos o estamos en desacuerdo.

Permítanme dejar claro que este enfoque no significa que evitemos las cuestiones difíciles en nuestras relaciones personales o el duro y a menudo divisivo trabajo de la justicia. Más bien, como seguidores de Jesús, nos dedicamos a esta tarea con un compromiso sacrificado, amabilidad y humildad, virtudes que faltan en casi todos los ámbitos de la vida.

Sin duda, tenemos mucho que hacer en los próximos días y semanas, como individuos, como comunidades religiosas y como nación. Al retomar nuestro trabajo, oro para que sientan y conozcan el amor de Dios por ustedes, Aquel a quien su corazón está abierto, todos los deseos son conocidos, y ningún secreto se halla encubierto. Y que juntos, por la gracia, podamos dar nuestro justo, amable y humilde testimonio de Jesús y de su camino de amor hacia todos.

Absalom Jones y la Iglesia Negra hoy

Absalom Jones y la Iglesia Negra hoy

La vida y el legado del Reverendo Absalom Jones es un testimonio de la resistencia del espíritu humano, su fe y su compromiso con las causas de la libertad, la justicia y la autodeterminación.
Desde el sitio web de The African Episcopal Church of St. Thomas

El 13 de febrero, la Iglesia Episcopal conmemora la vida y el ministerio de Absalom Jones, el primer afroamericano en ser ordenado en la Iglesia Episcopal.

El 29 de enero, la Convención Diocesana aprobó una resolución que dirige nuestras energías colectivas hacia la revitalización y el empoderamiento de las iglesias negras y los feligreses negros en la Diócesis de Washington.

Estoy convencida de que estos dos acontecimientos están relacionados. La iglesia Absalom Jones fundada en Filadelfia es una de las Iglesias Episcopales Negras más vibrantes del país. Ruego a Dios que el espíritu, la fe y el compromiso de Absalom Jones guíen nuestro trabajo.

Para aquellos que no conocen su historia, Absalom Jones nació en la esclavitud en Delaware el 6 de noviembre de 1746. Mientras estaba esclavizado, aprendió a leer. Cuando la familia que lo esclavizó se mudó a Filadelfia, pudo trabajar por las noches y guardar para sí sus ganancias. En 1770 se casó con Mary Thomas, una mujer esclavizada, y compró su libertad para que ella y sus hijos pudieran ser libres. 14 años después, obtuvo su propia libertad a través de la manumisión.

Con su amigo Richard Allen, Absalom Jones organizó la Sociedad Africana Libre. Tanto Jones como Allen también fueron predicadores de la Iglesia Metodista de San Jorge, una congregación racialmente mixta. A medida que crecía la membresía negra, los ancianos blancos respondieron segregando la adoración, requiriendo que los negros se sentaran en el balcón.

Un domingo por la mañana, cuando Absalom Jones estaba orando en un banco delantero, un ujier intentó sacarlo a la fuerza. Jones se resistió, terminó sus oraciones y salió de la iglesia. Todos los miembros negros siguieron y juntos formaron una nueva congregación. Richard Allen eligió establecer una iglesia negra independiente, la cual se convertiría en una nueva denominación, la Iglesia Episcopal Metodista Africana (AME). Jones permaneció como líder de lo que se convirtió en la Iglesia Episcopal Africana de Santo Tomás. En 1802, Jones fue ordenado sacerdote episcopal.
El ministerio de Absalom Jones fue uno de compasión, defensa política y creación de instituciones. Fue un predicador convincente y organizador comunitario. Ayudó a establecer dos escuelas. Él y Richard Allen, a petición del alcalde de Filadelfia, reunieron a los residentes negros para cuidar a los enfermos y moribundos durante una epidemia de fiebre amarilla. Él y otros solicitaron al Congreso de los Estados Unidos que pusiera fin al comercio de esclavos africanos. La actual congregación de St. Thomas, en Filadelfia, celebra cada año su fiesta con gran orgullo, al igual que muchas iglesias y diócesis episcopales de todo el país.

La historia de las congregaciones negras en la Iglesia Episcopal, incluyendo la Diócesis de Washington, es complicada, marcada por el racismo y la autodeterminación negra. Muchas fueron establecidas justo después de la Guerra Civil, algunas con el apoyo de las congregaciones blancas, otras por su cuenta. Se plantaron más en los años de Jim Crow y la estricta segregación de viviendas, cuando a los negros no se les permitía vivir en la mayoría de los vecindarios y en las partes más ricas de las pequeñas ciudades.

Cuando las leyes de vivienda cambiaron, muchas de las familias fundadoras de congregaciones negras se mudaron a comunidades con mayores oportunidades educativas y económicas. La huida blanca resultante restableció la adoración segregada, ya que las congregaciones anteriormente blancas se volvieron predominantemente negras. Esa tendencia se aceleró con los recién llegados de la diáspora africana que encontraron en nuestras iglesias episcopales la Iglesia Anglicana de la que formaban parte en casa. La mayoría de nuestras iglesias históricas negras están ahora en vecindarios cuyas poblaciones han cambiado de nuevo, y como sucede con la mayoría de las iglesias episcopales, la membresía de todas las congregaciones predominantemente negras está envejeciendo.

Por supuesto, muchos episcopales negros ahora eligen libremente adorar en congregaciones predominantemente blancas y viceversa. La realidad multicultural y multirracial de nuestra Diócesis la convierte en uno de los lugares más interesantes y complejos para hacer esta importante labor de reconocimiento racial y revitalización congregacional. En toda la Diócesis nos esforzamos por llegar a un acuerdo con nuestra complicidad en el racismo sistémico y las inequidades raciales.

Martin Luther King, Jr. se lamentó una vez de que las 11 a.m. del domingo era la hora más segregada en los Estados Unidos. En muchas de nuestras iglesias eso continúa siendo una realidad.

Hubo una vez 11 congregaciones en la Diócesis de Washington fundadas por o en nombre de personas negras; 7 permanecen, todas en Washington, DC con la excepción de St. Phillip’s, en el Condado de Prince George’s. Hay 15 congregaciones adicionales que fueron establecidas originalmente para episcopales blancos que ahora son predominantemente negras y multiculturales.

Por lo tanto, la resolución aprobada en la Convención Diocesana en enero nos pide que consideremos la experiencia vivida y las posibilidades futuras para más del 20 por ciento de las congregaciones de EDOW. Hay una gran diversidad entre ellas, así como líderes talentosos y ricas ideas de las que todos nos beneficiaremos. Ellas merecen nuestra atención colectiva como parte del esfuerzo general de la revitalización congregacional. La acción de la Convención Diocesana nos hará responsables de esta labor.

La resolución pide la creación de un grupo de trabajo compuesto por miembros de congregaciones negras. El grupo de trabajo está encargado de hacer recomendaciones al Consejo Diocesano antes de septiembre del 2022 para el mejoramiento, revitalización y empoderamiento de las iglesias y feligreses negros.

El grupo de trabajo, una vez nombrado, se basará en el buen trabajo del capítulo de Washington de la Unión de Episcopales Negros. Abordará las nuevas realidades que enfrentan todas nuestras congregaciones y dinámicas únicas de la iglesia negra. Hay recursos más allá de la Diócesis para aprovechar, incluyendo el ejemplo de la iglesia que Absalom Jones fundó.

El Consejo Diocesano ahora está aceptando solicitudes para este importante Grupo de Trabajo. Los miembros serán de congregaciones históricamente o predominantemente negras. Por favor, considere si Dios puede llamarle a usted o a alguien que usted conoce para servir en este grupo. Este será un trabajo emocionante y desafiante en un momento guiado por el Espíritu y que no debe perderse.