Orando por el Efecto del Volante

by | Jan 25, 2024

En esta reflexión final sobre el Discipulado Valiente, he aquí un extracto de mi discurso ante la Convención Diocesana del 27 de enero.

2023 es mi decimotercer año como su obispa y el quinto año de nuestro plan estratégico. Estamos en el tramo final de dos años de un viaje que comenzamos en 2020, invirtiendo intencionalmente recursos diocesanos en áreas de enfoque mutuamente discernidas.

Como ya sabrán por experiencia propia, cualquier proyecto a largo plazo basado en una visión pasa por etapas. Comienza con el entusiasmo inicial de la claridad de la cima de la montaña; luego vuele a bajar a los valles de la realidad. Lo que sigue es una etapa intermedia marcada por contratiempos y complicaciones imprevistas. En ese “desordenado medio”, tu comprensión de lo que es posible cambia. Puede ser una momento desalentadora y agotadora, porque estás trabajando duro con poco que mostrar por tus esfuerzos. Puede que incluso quieras abandonarlo. Pero si por gracia y con perseverancia sigues adelante, puede surgir una nueva energía, a medida que los esfuerzos constantes cobran impulso. Estás trabajando tan duro como antes, pero ahora, por fin, ves el fruto de tu trabajo.

El autor Jim Collins llama a este cambio de energía e impulso “el efecto del volante”, tomando prestada la imagen de un disco de metal muy pesado que gira sobre un eje, una rotación cada vez. Al principio, se necesita todo el esfuerzo para girar el volante una vez, y la segunda vez es igual de difícil, y la tercera. Pero a medida que sigues empujando, el peso que antes te frenaba empieza a trabajar a tu favor. Lo asombroso es que no hay un momento o una cosa que hayas hecho que por sí sola pueda explicar el cambio: el avance se produce por el resultado acumulativo de innumerables pequeños pasos.

En las Escrituras, este mismo proceso se describe como el fruto de la fidelidad, la virtud de la perseverancia. Es más, se produce una transformación espiritual en nuestro interior a medida que caminamos por fe hacia una visión que inicialmente no éramos capaces de realizar sólo con nuestros esfuerzos. Por la gracia de Dios, nos convertimos en personas capaces de hacer lo que antes era imposible. Se necesita algo mas que valor para seguir adelante; es un trabajo del corazon. El pasaje de la Escrituras que me viene a la mente mientras me preparo para la Convención es del Evangelio de Lucas. Es una simple frase introductoria a una parábola, para asegurarnos de que no nos perdemos su significado.

Entonces Jesús contó a sus discípulos una parábola sobre su necesidad de orar siempre y de no desanimarse.
Lucas 18:1

La historia que sigue es la de un juez sin escrúpulos agotado por una viuda persistente que no deja de acosarle para que haga justicia contra su enemigo. Me encanta que Jesús cuente una historia escandalosa como forma de animarnos a no desfallecer, a “guardar nuestros corazones”, como está escrito en el Libro de los Proverbios, “porque todo lo que hacemos fluye de ellos.”

Entonces empecé a explorar otros lugares de los Evangelios en los que Jesús habla directamente a nuestros corazones. En la liturgia de esta mañana hemos oído hablar a sus discípulos en la víspera de su arresto: “No se turbe su corazón. Ustedes creen en Dios; crean también en mí”. Había muchas cosas por las que preocuparse aquella noche, como las hay para nosotros hoy. Jesús no promete a los discípulos, ni a nosotros, escapar de los problemas. Lo que promete es que en Él hay un pozo más profundo del que sacar, una paz que sobrepasa todo entendimiento, un amor que es el antídoto contra la ansiedad y el miedo.

En otro lugar, Jesús advierte contra lo que llama “dureza de corazón”, una imagen que se encuentra en toda la Escritura para describir lo que ocurre cuando nos encerramos en nosotros mismos. La dureza de corazón es una respuesta de supervivencia, una forma de protegernos del dolor de un corazón roto. Aquí Jesús parece estar diciendo que nuestros corazones se romperán en esta vida, que necesitan romperse de vez en cuando, o corremos el riesgo de convertirnos en piedra. Al ver el dolor que tantos deben soportar, el corazón de Jesús también se rompe. En nuestros corazones rotos, unidos a él, está la esperanza de este mundo.

El tema de nuestra Convención es el Discipulado Valiente, un reconocimiento de que estos días exigen valentía en casi todas las esferas de la vida, y lo que tenemos en común es nuestro compromiso de seguir a Jesús. Ser un discípulo valiente es seguir a Jesús de todo corazón, con el objetivo de parecerse más a Él: amar como Él ama, perdonar como Él perdona, ser misericordioso como Él es misericordioso, y unirse a Él para cuidar de los demás y sanar nuestro mundo.

Es sorprendente la confianza que Jesús deposita en sus discípulos para llevar a cabo su ministerio. De la lectura de los evangelios sabemos que los primeros discípulos no estaban precisamente preparados para la tarea y, francamente, tampoco lo estamos nosotros cuando confiamos únicamente en nosotros mismos. El Hermano Curtis Almquist, de la Sociedad de San Juan Evangelista, nos recuerda que Jesús nos llama a ser sus discípulos no porque seamos extraordinarios. Lo extraordinario es la gracia de Dios, que se perfecciona en nuestra debilidad.

Como diócesis, estamos girando los volantes hacia lo que creemos que es el futuro preferido de Dios de vitalidad y mayor capacidad para el ministerio. Tenemos motivos para tener la esperanza de que en los próximos dos años veremos cómo cambia el impulso y experimentemos el fruto de los fieles esfuerzos. Mientras tanto, confiamos nuestros corazones a Jesús.

Si hay algo que sé acerca de la Diócesis de Washington es que tenemos un gran impacto para el bien en este mundo. Por esa razón, estoy convencida de que el crecimiento en la capacidad para el ministerio es el futuro preferido de Dios para la Iglesia Episcopal, no por el bien de los presupuestos y edificios, sino por las vidas que el amor de Jesús puede tocar a medida que le damos al Espíritu más para trabajar a través de nosotros.

Por eso estoy agradecida de renovar mi compromiso con una vida de discipulado valiente junto a ustedes. Oro para que ustedes se sientan inspirados a hacer lo mismo. Si tu volante se siente demasiado pesado, recuerda que no estás solo. Estamos juntos en este trabajo del corazón.